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 A principios de este año, a los 64 años murió Bobby Fischer, el hombre que en pleno desarrollo de la Guerra Fría derrotó a los hasta entonces invencibles soviéticos, reyes del tablero de los 64 escaques. Su historia, llena de anécdotas que describen a una persona excéntrica, lo llevó a transitar del heroísmo hasta sus antípodas. PUERTO LA CRUZ.- Eran los convulsionados años de la Guerra Fría. Las dos superpotencias mundiales atravesaban delicadas relaciones internacionales en los frentes político, económico y propagandístico. El temor de una tercera Guerra Mundial latía. En este maremágnum, cada bloque, encabezado por Estados Unidos y la Unión Soviética, medía su reciura en luchas no bélicas.
El capitalismo yanqui y el socialismo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) libraban batallas en el deporte. Las olimpiadas eran el escenario ideal para éstas.
El ajedrez no admitía vacilaciones, era terreno de exclusividad soviética, hasta que Robert James Fischer, nacido en Chicago el 9 de marzo de 1943, echó al cesto de la basura todas aquellas convicciones. Lo hizo a los 29 años, luego de apabullar en 1971 a sus rivales en las clasificatorias: A Mark Taimanov (soviético, seis triunfos, sin tablas ni derrotas) y a Bent Larsen (danés, igual, con score 6-0-0); luego dio cuenta del ex campeón del mundo Tigran Petrosian (5-3-1). Sólo faltaba Boris Spassky.
Uno contra el sistema Quien aprendió el ajedrez a los seis años, luego de leer el manual de instrucciones que contenía el juego, enfrentaba a la maquinaria soviética.
El 11 de julio de 1972, Fischer y Spassky protagonizaron el duelo de los duelos en Reykiavik, Islandia. Entre las anécdotas que reflejaron las agencias de cable (EFE lo recordó hace unas semanas), está la de que el norteamericano estuvo a punto de ser descalificado por llegar 10 días tarde (nunca estuvo de acuerdo con las condiciones y retrasó su aparición).
Los rusos exigían su descalificación. Pero Petrosian (oponiéndose a su gobierno), intercedió, y la Fide (del acrónimo en francés de Fédération Internationale des Échecs), tuvo que actuar contra sus propias normas. Hasta el Secretario de Estado, Henry Kissinger, habló con su compatriota para hacerlo ceder. Fischer se disculpó con Spassky por escrito y comenzó la final.
El retador cayó en las dos primeras partidas. Pero igualó el desafío y finalmente derrotó al entonces monarca con 7-11-3. Era el 31 de agosto de 1972, cinco días después de la inauguración de las Olimpiadas de Munich 1972.
Este triunfo terminaba con el dominio del gigante de la disciplina, cuyos jugadores ostentaban la corona desde el año 1948 (Mijail Botvinnik, Vasili Smyslov, Mijail Tal, Tigran Petrosian y Boris Spasski se repartieron el trono hasta 1972).
Tras proclamarse campeón del mundo, Fischer no volvió a participar en ningún torneo. Sus desavenencias con la Fide no cesaron y se negó a defender su título en 1975 ante Anatoly Karpov, que pasó a ser el nuevo campeón del mundo.
Desde entonces, largos períodos de desaparición fueron comunes. No se le vio más en público hasta 1992, cuando decidió reeditar el match con Spassky (no oficial), el cual se realizó en Yugoslavia. El norteamericano volvió a triunfar (10 victorias, 15 tablas y 5 derrotas). Una vez más decidió desvanecerse.
A raíz de este encuentro, Fischer no pudo entrar a los Estados Unidos, debido a que le esperaba una condena de 10 años de cárcel (por escupir sobre una orden que decía que violaría una resolución de Naciones Unidas si jugaba al ajedrez en Yugoslavia).
Los escándalos siguieron, en sus esporádicas apariciones: En 2004 lo detuvieron en el aeropuerto de Tokio por portar un pasaporte caduco, cuando se disponía a viajar a Filipinas para ver a su única hija.
Un atormentado de película En 1972, la Unión Soviética culminó en la cima de las Olimpiadas con 99 medallas (50 de oro) y Estados Unidos 93 (33 doradas). Habían vencido en el baloncesto a los ”gringos”, pero fue la coronación de Fischer la que asestó el golpe más duro al mundo que comulgaba con las ideas de Lenin.
La preeminencia cerebral de los soviéticos encontró un igual en el atormentado Fischer, quien murió el jueves 17 de enero de 2008 a los 64 años de edad, en Islandia, país que le abrió las puertas y en donde vivió su mejor momento deportivo. Como una larga enfermedad renal se describió la causa de su deceso.
Lo quisieron convertir en el héroe anticomunista, pero sus declaraciones en contra del país que lo vio nacer borraron pronto esta etiqueta. Huraño, caprichoso, exigente y por momentos déspota, el genio del tablero profesionalizó el juego ciencia, al punto de que sus sucesores encontraron una disciplina más digna.
Los demonios de Fischer dan para una película.
Cronología
Marzo 9, 1943: Robert James Fischer nació en Chicago, hijo de Regina Fischer, de origen judío-germano, y Gerhardt Fischer, biofísico alemán.
Mayo de 1949: Con seis años aprendió a jugar ajedrez con su hermana mayor Joan, usando un juego comprado en una tienda en Brooklyn, Nueva York, ciudad en la que vivió desde muy pequeño. A los ocho años jugaba ya a nivel competitivo.
Julio de 1956: Con 13 años, se convirtió en el jugador más joven en ganar el Campeonato Juvenil de EEUU. A los 14 ganó el Campeonato Abierto del país -la primera de ocho veces- y recibió el título de gran maestro internacional a los 15, el más joven en la historia.
Agosto 31, 1972: Ganó el cetro mundial de ajedrez en Reykiavik, Islandia, al derrotar al soviético Boris Spassky. Perdió el título ante el soviético Anatoli Karpov tres años más tarde cuando decidió no defenderlo a causa de un desacuerdo con los organizadores del torneo.
Septiembre de 1992: Emergió del aislamiento para retar a Spassky a un nuevo duelo en la isla turística de Sveti Stefan, entonces parte de Yugoslavia. Fischer ganó pero el juego violó las sanciones impuestas por EEUU al presidente yugoslavo Slobodan Milosevic. Decidió no regresar a EEUU para evitar penalizaciones.
Julio 13, 2004: Fue arrestado en Japón y amenazado con ser extraditado a EEUU. Estuvo nueve meses bajo arresto, antes de que el parlamento de Islandia votase para concederle la ciudadanía.
Marzo 24, 2005: Volvió a Reykiavik.
Enero 17, 2008: Murió en Reykiavik, Islandia, de insuficiencia renal.
Mente en contra La inteligencia de Fischer jugó, por momentos, en su contra. Veía persecuciones y hasta llegó a visitar a un odontólogo para que le extrajera un “supuesto” micrófono colocado por los rusos en una muela. La normalidad de vivir en sociedad no reapareció en él.
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Enviado el Miércoles, 06 febrero a las 12:56:14 por torre64 |
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