Qué extraño. Todos queríamos que ganara Fischer.
En los encuentros de eliminación ya había derrotado a dos excelentes jugadores soviéticos, Taimanov y al otrora campeón mundial Tigran Petrosian, además de al danés Ben Larsen.
Era obvio que el gobierno de nuestro país quería que ganara el soviético. En plena guerra fría y con una franca política prosoviética, más su consabida fobia antinorteamericana (The Beatles estaban prohibidos y los cubanos fuimos unos de los pocos países del mundo que no pudimos ver el alunizaje del Apolo 11 en la luna), una victoria de Spaski sobre Fischer hubiera significado para el discurso oficial una victoria del comunismo sobre el capitalismo. En la prensa se regodeaban criticando las excentricidades del jugador norteamericano.
Pero ganó el mejor, el más fuerte, el más talentoso.
El excéntrico, amante del dinero, individualista, nada disciplinado jugador "yanqui" derrotó al entonces campeón del mundo soviético, comunista y prototipo del Hombre Nuevo futuro, el camarada Boris Spaski.
Fischer era para aquel grupo de adolescentes el símbolo del genio, pero también una suerte de rebelde sin causa. Era la imagen de la juventud de fines de la década del sesenta. Preferíamos esa pasión a la flema "burocrática" del "bolo" Spaski. No teníamos, sin embargo, nada contra el jugador ruso. No hacíamos una lectura política del match. Incluso, muchos años después, Spaski abandonaría la Unión Soviética. Pero no puedo negar que, ya que esa lectura era hecha por nuestra prensa, sentíamos una profunda satisfacción en que esas expectativas extradeportivas fueran derrotadas.
Una de las contradicciones más fragantes de la época de la revolución cubana consistió siempre en que los jóvenes adorábamos la música underground, el cine, la literatura, el béisbol, el boxeo, la moda, incluso el idioma, en fin, la cultura y hasta la contracultura del "enemigo". Éramos occidentales y, al menos culturalmente, francamente pronorteamericanos.
Ha muerto Bobby Fischer. Acaso nunca pudo imaginar que en aquella "revolucionaria" isla del Caribe una juventud silenciosa pero apasionada deseó y celebró como suya su victoria.
Que viva el rey!, una de las alegrias mas grande que los jovenes de aquel tiempo disfrutamos, y que valor tenia para cada uno de nosotros, que el comunismo perdiera ante un norteamericano, gracias Rey por tu regalo de haber sido campeon.