Fischer creció sin una figura paterna y no aceptó a una madre que abrazó el comunismoAdemás de genio del ajedrez, Bobby Fischer fue un individuo cruel y disfuncional que volcó en su madre todo el rencor que llevaba dentro, culpándola de una infancia atípica alejado de su padre biológico y reprochándole que dedicara la mayor parte de su tiempo a la causa comunista en la que creía apasionadamente, según una serie de cartas inéditas a las que ha tenido acceso el diario británico The Times.
En la correspondencia, Regina Fischer, que falleció hace casi una década, abre su corazón a Joan Rodker, una periodista, fotógrafa y cineasta retirada que en la actualidad tiene 92 años, amiga y confidente con la que coincidió en el Moscú de los años treinta, donde compartieron una visión idealista y romántica del comunismo.
Las misivas, de las que The Times publicó ayer una serie de fragmentos, aportan nueva luz sobre la traumatizada y compleja personalidad del genio de Brooklyn, que se convirtió en héroe norteamericano al derrotar en plena guerra fría al campeón ruso Boris Spaski y romper así el monopolio soviético sobre el ajedrez. Fischer se volvió visceralmente anticomunista en buena parte para llevar la contraria a su madre.
Fischer creció sin una figura paterna a su lado, aunque su padre oficial (y el que le dio el nombre) era Hans Gerhardt Fischer, un alemán que luchó en el bando de la República durante la guerra civil española y que se divorció de Regina (judía polaca de nacionalidad suiza) en 1945. Más de 750 páginas de documentos secretos desclasificados por el FBI norteamericano tras su muerte sugieren que la pareja llevaba cuatro años separada cuando nació Bobby en 1943, y que su padre biológico era Paul Nemenyi, un físico húngaro de quien las paranoicas autoridades de Washington sospechaban como comunista pese a que trabajó en el proyecto de la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial.
Las cartas han salido a la luz diez días después de la muerte de Fischer, y en plenas especulaciones sobre quién heredará una fortuna estimada en 145 millones de euros, a la vista de las afirmaciones de que la japonesa Mykoto Watai no era su novia, sino su mujer. El cuñado del ajedrecista, Russel Targ, se ha trasladado a Reikiavik para intentar que sus dos hijos - sobrinos del ex campeón- sean designados herederos legítimos. También circulan rumores sobre la existencia de una hija de nueve años que el ídolo de Brooklyn al parecer tuvo en Filipinas.
Regina Fischer, rechazada por su hijo y cuya vida quedó marcada por esa separación, siguió a distancia su prodigiosa carrera. En 1972, con motivo de la partida por el título mundial con Spaski que cautivó el interés del mundo, se presentó en Islandia disfrazada con una peluca rubia porque su hijo le había prohibido acercarse a él.
"He descubierto que no soy ni muy útil ni muy necesaria a Bobby, y que por el contrario mi presencia le irrita profundamente -escribió Regina en una de las muchas cartas dirigidas a su confidente Joan Rodker entre 1957 y 1960-. No tengo más remedio que permanecer agazapada, como una figura en la sombra, y me conformo con ello". Su propia madre, después de que se proclamara campeón de ajedrez de Estados Unidos con sólo 14 años, lo describió como "un chico temperamental y solitario, incapaz de hacer amigos de su edad, y sin ningún otro interés en la vida que las torres, los alfiles y los peones".
Cuando Bobby cumplió los 16, Regina decidió dedicarse a la medicina y dejó solo a su hijo en el apartamento que compartían en Brooklyn, justificándose a sí misma con el argumento de que "estará mejor solo, sin que yo le esté diciendo todo el tiempo que haga los deberes, que coma o que se vaya a la cama antes de la una de la madrugada". "Estoy cansada -escribió- de hacer de felpudo y de cabeza de turco". Aun así, poco después viajó por su cuenta a Washington para participar en una manifestación ante la Casa Blanca para pedir al presidente Eisenhower que permitiera al equipo estadounidense de ajedrez viajar a Alemania del Este con ocasión de un torneo.
"Regina estaba completamente obsesionada con el activismo de izquierdas, y creía que todo lo que hacía la Unión Soviética estaba bien -cuenta Rodker-. Bobby pensaba que su madre no le prestaba atención suficiente, culpó de ello a la política, y desde los seis años se refugió en el ajedrez". Ambos realizaron varios intentos de aproximación con el tiempo, pero sin demasiado éxito.