Bobby Fischer y su madre, Regina, tuvieron una relación difícil durante toda su vida. Regina dedicó buena parte de su tiempo a la militancia comunista y Bobby, nacido en 1943, fue un niño solitario obsesionado por el ajedrez. Durante toda su vida las relaciones entre Fischer y su madre fueron conflictivas y el feroz anticomunismo del campeón, según muchos, era una reacción a las actividades de su madre, suiza de nacimiento pero de padres polacos.
Bobby Fischer fue enterrado el pasado 21 de enero en una ceremonia privada, en una pequeña iglesia luterana, en Selfoss, 50 kilómetros al sur de Reykjavik. Gardar Sverrisson, amigo y portavoz de Fischer en Islandia, requirió los servicios de un párroco católico, "según las últimas voluntades de Fischer".
Sin problemas económicos
Fischer, ingresado desde noviembre en un hospital de Reykjavik, falleció de un fallo hepático. Segun Einar Einarsson, presidente del grupo de apoyo a Bobby Fischer, "no quería médicos ya que no creía en la medicina occidental". Aunque algunas informaciones subrayaron el estado de indigencia de Fischer, el ex campeón mundial de ajedrez disfrutaba de la hospitalidad de su país de acogida, que costeaba su manutención y alojamiento. Además, Fischer disponía de una considerable fortuna, pese a que perdió una buena parte de esta cuando puso a recaudo los ingresos por la revancha con Boris Spassky en Belgrado, en un banco yugoslavo, pocos meses antes de que se iniciarala Guerra de los Balcanes.
Su paso por Japón también fue polémico. Fue detenido por utilizar un pasaporte falso y finalmente expulsado. La japonesa Miyoko Watai, de 62 años, se reinvindica ahora como su esposa legal y reclama su porción de la herencia, una parte de ella guardada en forma de lingotes de oro en la cámara acorazada de un banco suizo.
En la misma madeja de aspirantes al testamento del ajedrecista aparece una supuesta hija filipina de Fischer, de siete años, fruto de su reación con una mujer llamada Justine, antes de que Fischer recalara en Japón, renegando de su nacionalidad estadounidense y enfrentado con los EE.UU. Para completar el embrollo, Russel Targ, cuñado de Fischer, también esgrime sus derechos para acceder a la herencia. Targ, marido de Joan, la hermana ya fallecida de Fischer, argumenta que parte del legado debe corresponder a sus dos hijos, sobrinos del ajedrecista