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HISTORIA DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
El
24 de Septiembre de 1810, Santa Cruz y el grito libertario
Cada 24 de septiembre Santa Cruz conmemora el primer levantamiento por su libertad, ocurrido en 1810 en la plaza principal de la ciudad capital. Según se dice, aun cuando no existe documentación de la época que respalde las aseveraciones, la tarde del día 24 en 1810, cuando el pueblo celebraba la fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes, se convocó a un cabildo abierto para romper el poder colonial y se designó una junta de Gobierno. Sin embargo, la guerra de la independencia tuvo sus primeros antecedentes en agosto de 1809, entre la población negra esclava. Ellos habían escuchado hablar de un movimiento libertario, que hacía referencia a los sucesos de Charcas y La Paz y esperaban que el Subdelegado anunciara dicho movimiento. Pero al ver que pasaban los días y nadie hacía nada, decidieron ejecutar a todos los blancos de Santa Cruz. La conspiración fue descubierta a tiempo y los esclavos fueron castigados. Después, el 24 de septiembre de 1810, cuando los doctores que habían estudiado en Charcas se levantaron y proclamaron una junta patriótica encabezada por el Dr. Antonio Vicente Seoane, el Cnl. Antonio Suárez, el cura José Andrés Salvatierra, Juan Manuel Lemoine y el argentino Eustaquio Moldes. Se había empezado la lucha por la independencia. Sin embargo, esta junta duró muy poco, sólo tenía jurisdicción en la ciudad y se mantuvo hasta 1811 cuando los realistas volvieron a tomar el mando en Santa Cruz. Gabriel René Moreno, el más grande historiador cruceño, cuenta que Santa Cruz, era “rabiosamente realista”. Y éstos, bajo el mando de José Manuel de Goyeneche, el más alto jefe militar realista que operaba en el Alto Perú por mandato del virrey de Lima, ordenó al Cnl. José Miguel Becerra, recuperar Santa Cruz. Becerra que dominaba Cordillera, retomó la plaza y fue nombrado Gobernador Intendente de la provincia de Santa Cruz de la Sierra. La ciudad estuvo bajo el dominio realista hasta 1813, año en que llega el Cnl. Ignacio Warnes, huyendo de la derrota sufrida por el segundo ejército auxiliar argentino al mando del Gral. Belgrano. En marzo de 1813 el Cnl. Antonio Suárez recupera el mando y lo entrega a Warnes el 24 de septiembre de 1813, quien gobierna hasta su muerte en 1816, cuando fue derrotado en la batalla de El Pari por el Gral. Francisco Javier de Aguilera, que ingresa a la ciudad como Gobernador de Santa Cruz, cargo que mantiene hasta 1825. Por esta conquista, Aguilera recibió el título de Brigadier y Caballero de la Orden de Santa Isabel. Durante el Gobierno de Aguilera se caracterizó en el bando patriota, la presencia de José Manuel Mercado, “el Colorao”, y sus montoneros, que desde Cordillera hostigaban constantemente tratando de recuperar la plaza cruceña. A pesar de varios intentos no lograron retomar Santa Cruz, Aguilera afianzó su poder en la provincia, que incluía a Mojos, Chiquitos. La larga lucha por la independencia fue un proceso de constante lucha donde se destacaron patriotas como Ignacio Warnes, José Manuel Mercado, José Manuel Baca y Ana Barba. Finalmente, en 1825, Santa Cruz tuvo su lugar bien ganado en la creación de la nueva República de Bolivia, cuando se suscribió el Acta de Nacimiento de lo que hoy es Bolivia. La primera Asamblea deliberante reunida en Chuquisaca, declaraba en su sesión del 6 de agosto de 1825, que las cinco provincias que comprendían la antigua Audiencia de Charcas, se erigían en Estado libre y autónomo con la denominación de República Bolívar, en homenaje al libertador. Los diputados de Mojos, Chiquitos y Cordillera no asistieron a dicha Constituyente. La mayoría de los congresales habían militado anteriormente en el bando realista.
El
histórico cabildo de la independencia
El 24 de Septiembre de 1810 Santa Cruz da el primer paso hacia su independencia. Aquel día se produjo el primer aporte de los cruceños al proceso de emancipación americana, pues se llevó a cabo un Cabildo Abierto donde se nombró la Junta Gubernamental y se destituyó al entonces gobernador Pedro José Pimentel. Pero, para que se produzca ese pronunciamiento, primero hubo que preparar el terreno. El plan de Gobierno a establecerse era el mismo de Chuquisaca y La Paz. Es así que después de los sucesos de Chuquisaca llegaron a Santa Cruz, con el propósito de expandir las ideas revolucionarias, el cruceño, doctor Antonio Vicente Seoane y el doctor Juan Manuel Lemoine y formaron un partido al que se integró también el padre José Andrés Salvatierra, el coronel Antonio Suárez y otros. Cuando ya todo estaba listo, arribaron el emisario Eustaquio Moldes de la Junta de Gobierno de Buenos Aires y don Melchor de Cochabamba, dándose de esta forma el primer pronunciamiento cruceño por la independencia. “El movimiento estalló la tarde del 24 de septiembre de 1810, con el amotinamiento de las milicias, la destitución del gobernador, Pedro José Toledo Pimentel y el llamado al pueblo para concurrir a Cabildo Abierto, constituyéndose así la Junta Gubernamental”. Así relata Hernando Sanabria lo sucedido ese día. Ese 24 de septiembre Santa Cruz celebraba el día de “Nuestra Señora de las Mercedes”, por lo que la mayor parte de los ocho mil habitantes que vivían en el pueblo estaba reunida en la Plaza de Armas celebrando esa festividad. La concentración de los cruceños fue aprovechada para convocar al Cabildo Abierto donde se determinaron las primeras acciones por la independencia. Se conformó la Junta Gubernamental, compuesta por tres cruceños, el abogado Antonio Vicente Seoane, el sacerdote José Salvatierra y el coronel Antonio Suárez. También se acordó deponer a las autoridades despóticas del Rey de España y sustituirlas por criollos que traten con igualdad y justicia a todos los pobladores; además, de dar libertad a las autoridades realistas depuestas, siempre y cuando no atenten contra la nueva junta de gobierno, pudiendo éstas radicar y trabajar en el pueblo o regresar a España. Su primera medida de la Junta Gubernamental fue liberar a los esclavos negros del Tao y después redactar el Acta de Pronunciamiento del Cabildo Abierto.
Esta Junta
Revolucionaria fue el mando político de la Intendencia de Santa Cruz
hasta octubre de 1811, fecha en que retorna a manos de los realistas.
Ellos lucharon por la libertad A su lado lucharon el coronel José Manuel Mercado “el Colorao” y a José Manuel Baca “Cañoto”, durante la sangrienta batalla de El Pari, el 21 de noviembre de 1816. Nació en Buenos Aires, Argentina. Se alistó a las filas de la revolución el 25 de mayo de 1810, partió con Belgrano hacia el Paraguay. Participó en las batallas de Tucumán y Salta como ayudante del general Belgrano. El 24 de septiembre ingresó a Santa Cruz de la Sierra, al ser derrotado el segundo ejército auxiliar argentino del que formaba parte, designado como gobernador intendente de la provincia con la misión de reorganizar las fuerzas patriotas y armarlas a su defensa. En la ciudad organizó talleres de mecánica y armería, e implementó la fabricación de la pólvora. Organizó la caballería bajo la comandancia de su lugarteniente, José Manuel Mercado. Decretó la libertad de los esclavos con la condición de que presten servicios militares y participen en los cuerpos llamados Pardos y Morenos. En abril de 1814 se une a la avanzada de caballería.
Llega hasta Santa
Cruz de la Sierra el cruceño Francisco Xavier Aguilera, al mando de
1.500 hombres bien equipados. El 21 de noviembre de 1816, Warnes le hace
frente en la batalla de El Pari. Después de 6 horas de lucha muere. *
(Ingrid Vespa de Pucci) “Cañoto” nació el 10 de diciembre de 1790, sus padres fueron don Pedro Pablo Baca y doña Manuela de Baca. En la Cordillera de los Chiriguanos estudió gramática, letras y el idioma nativo de la región, allí también desarrolló su talento por la guitarra, las coplas y las poesías. En 1813 ingresó al cuerpo de caballería “Escuadrón de Cazadores” donde participó en las luchas libertarias.
En la batalla de
El Pari, tras el sabor amargo de la derrota, sufrió el amargo dolor por
la pérdida del coronel Ignacio Warnes. Muy perseguido, formó una banda
de guerrilleros. Entre los años 1817 y 1820 merodeaban por la campiña,
volviendo luego a Santa Cruz para burlarse de los realistas, quienes
lo persiguieron hasta que lo obligaron a huir nuevamente, esta vez hacia
el sur, encontrando asilo entre los guerrilleros del general Martín
Miguel de Güemes. Luego de la muerte de Güemes volvió a Bolivia para
incorporarse a las filas de las fuerzas guerrilleras del coronel José
Manuel Mercado. Finalmente obtuvo su retiro definitivo de las fuerzas
militares y decidió dedicarse a la agricultura. Murió años después. Luego de nueve años, cuando se proclamó la independencia, Ana entregó la cabeza del caudillo al Prefecto del Departamento para su cristiana sepultura. Esta heroína nació en 1795 y estuvo casada con Francisco Rivero. La leyenda sostiene que Ignacio Warnes, fue padrino de boda de la pareja, por lo que cuando Warnes fue muerto y colgada su cabeza en el centro de la plaza, Ana Barba y su esposo concibieron la idea de quitar la cabeza del sombrío lugar. Lo consiguieron en una noche oscura, gracias a la ayuda de Cañoto, la llevaron a esconder en su casa situada en la barriada del Tocotocal.
En 1925 la cabeza
del caudillo fue llevada a la Catedral para rendirle las honras
fúnebres y una ceremonia presidida por el coronel José Videla, primer
gobernante independiente de Santa Cruz. * Extraído del libro Cruceños
Notables de Hernando Sanabria. Una vez Warnes en la Republiqueta de Santa Cruz, Mercado se convirtió en el brazo derecho del militar argentino. Se ocupó de ayudarlo en la instrucción del ejército patriota y en labores que cumplían ambos en el artesanal barrio de La Pólvora. Pero su trabajo no fue sólo de instrucción, pues tuvo que repeler en varias ocasiones al ejército realista, en los combates en Urucú, San Pedrillo, Vallegrande y Santa Bárbara y en las batallas de Florida y El Pari. Cuando era perseguido por el ejército realista se refugiaba en su fuerte que eran los peñascos cordilleranos de Saipurú hasta que se proclamó la independencia.
El 14 de febrero
de 1825, Mercado después de muchos años entró a la ciudad de Santa Cruz
y a la plaza principal donde todo el pueblo proclamó la independencia,
aceptando por unánime designación la investidura de Gobernador. Mercado
nació el 14 de marzo de 1782 en Santa Bárbara, Santa Cruz. Murió pobre
en su ciudad natal, el 3 de junio de 1842, ganando un sueldo de Coronel
con que fue ascendido al retirarse del servicio de las armas, por no
aceptar un cambio de guarnición militar de Sorata. Hijo del coronel español Antonio Seoane de los Santos, fue gobernador de Santa Cruz hasta 1810. Estudió Derecho en la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca, donde se graduó de abogado. Retornó a Santa Cruz con ideas nuevas, las mismas que había adquirido en los claustros de la Universidad de Chuquisaca y que puso en práctica pese a la oposición de su padre. Es así que lideriza la revolución criolla antipeninsular del 24 de septiembre de 1810, formando parte de la Junta Revolucionaria de Gobierno. El golpe se tradujo en horas de la tarde, con el apresamiento del gobernador José Toledo Pimentel y con el llamado Cabildo Abierto de 1810, donde se conformó la Junta Revolucionaria y Patriota.
Por presiones
políticas se ausenta hasta 1824. Más tarde en 1825 es elegido diputado
por la ciudad de Santa Cruz y su jurisdicción rural, por el Mariscal
José Antonio José de Sucre ante la Asamblea Deliberante y luego
Constituyente durante la histórica creación de la República de Bolivia. Nació en Santa Cruz, el 30 de noviembre de 1772. Sus padres fueron el coronel Alejandro Salvatierra y doña Josefa Chávez. El año 1796, fue ordenado sacerdote por el Arzobispo de La Plata. Recién ordenado, regresó a Santa Cruz para ejercer su carrera sacerdotal, siendo así conversor del poblado indígena de Membiray. Posteriormente, desde 1805 hasta 1810 fue capellán de la guarnición castrense. En su trayectoria pública desempeñó altas comisiones políticas y administrativas. Constituyó el primer templo de San Roque. Con la retoma realista de 1811, el sacerdote fue tomado prisionero. La entrada de Belgrano al país favoreció al sacerdote, saliendo en libertad en 1812. Luego salió del país y regresó en 1825.
Falleció en
nuestra ciudad, a la avanzada edad de 90 años, el 2 de abril de 1862.
Fue conversor de indios chiriguanos desde la misión San Miguel de
Membiray, y luego un sacrificado soldado de la emancipación de la
patria, habiendo formado parte de la junta de 1810. Hijo de José Suárez de Arellano y doña María de Argamoza, nació en Santa Cruz el año 1765. Luego de participar en la arremetida realista y el triunfo revolucionario, gobernó con intermitencia hasta 1813, entregando ese año el mando a Manuel Ignacio Warnes García, que había sido enviado por el general Manuel Belgrano, comandante del segundo ejército auxiliar argentino. Suaréz fue nuevamente gobernador o prefecto entre los años 1838 y 1839. El coronel Antonio Suárez junto con sus compañeros de acción revolucionaria, Seoane y Salvatierra sobrevivieron largos años a la guerra emancipadora. Prestó sus servicios a la naciente patria. Fue mayor de plaza, prefecto del departamento y representante nacional. Falleció en 1843. El golpe revolucionario del 24 de septiembre de 1810, que depuso al gobernador Pedro José Toledo, en Santa Cruz, nombrando el cabildo gobernativo, Suárez fue nombrado presidente. Gobernó con intermitencias hasta 1813, 1838 y 1839.
La
batalla de El Pari, la más sangrienta de la gesta libertaria
Se dice que la batalla de El Pari tuvo como característica ser la más sangrienta en la guerra de la independencia; en ésta muere el coronel argentino Ignacio Warnes, que ejercía como gobernador de Santa Cruz. Se desarrolló el 21 de noviembre de 1816 en la vasta vega de El Pari, es decir en las afueras de la entonces Santa Cruz de la Sierra y actual barrio que lleva el mismo nombre. Para aquel encuentro bélico se alistaron unos 1.200 combatientes arrendados por el Cnl. Ignacio Warnes, donde tuvieron notable actuación, José Manuel Baca conocido como “Cañoto” y José Manuel Mercado conocido como “el Colorao”. Algunos comentaristas de la historia dicen que fue la batalla más sangrienta, pues de los cerca de 3.000 soldados que sumaban ambas partes, patriotas y realistas, sólo lograron sobrevivir 200 realistas, con los cuales entró a Santa Cruz el coronel cruceño Francisco Javier de Aguilera tres días después de la contienda. El factor decisivo de la derrota fue la muerte de Warnes, ocurrida en momentos de la refriega, cuando el caudillo alentaba a sus hombres desde la propia línea de combate. Cabe destacar, sin embargo, que es muy poco probable que el número de combatientes alcance tan excesivo número, ya que para la época, la población de Santa Cruz no llegaba siquiera a los diez mil habitantes, lo que hace difícil de comprender la subsistencia de dichas tropas, en medio de una población tan pobre en recursos alimenticios, con una magrísima agricultura y ganadería. La entrada de Javier de Aguilera a Santa Cruz hubo de señalarse por medidas de terror impuestas al vecindario, empezando con la decapitación del caudillo muerto y la exhibición de su cabeza, colocada en una picota del centro de la plaza principal. Cuenta la historia que esa fue su mejor venganza del jefe de la división realista, pues tenía cuentas personales con Warnes, jefe de los patriotas por haber causado ofensas a la familia de Aguilera en una de las varias medidas de represión tomada contra los partidarios de la monarquía. Se sabe que la cabeza del coronel Ignacio Warnes en manos de los realistas fue recuperada por Ana Barba y su esposo Francisco Rivero, ayudados por “Cañoto” que distrajo a los centinelas. Otra versión cuenta que fue más bien “Cañoto” y Francisco Rivero quienes recuperaron la cabeza, mientras que Ana Barba distraía a los guardias. Sin embargo, ambas versiones coinciden en que luego de recuperada la cabeza, ésta fue llevada y enterrada en la casa de los esposos Ana Barba y Francisco Rivero, quienes luego de nueve años, es decir el primer año en que se proclamara la independencia, la entregaron a las autoridades del pueblo para darle cristiana sepultura. En dos meses de la entrada de Aguilera, se dice que ordenó el fusilamiento de más de 900 personas en la plaza principal. Sin embargo, hay historiadores que ponen en dudas este número. Francisca López, una de las patriotas, fue amarrada al madero de la “infamia”, por negarse a rendir honores a Aguilera.
La batalla de
la Florida derrota al ejército realista En la contienda participaron unos ocho mil hombres, de los cuales trescientos fueron comandados por Warnes, otro tanto por Mercado y el resto por Arenales. Los jinetes al mando de Mercado se ubicaron al borde del monte que existía en la parte norte del pueblo. En la parte sur de la playa se dispuso la artillería. Ocultas en el margen del monte se ubicaron las unidades comandadas por Warnes y De la Riva. Arenales se hizo cargo de la agrupación de la infantería y artillería. Ubicadas de esta forma esperaron a que Blanco dé inicio a la contienda. En la madrugada del 25 de mayo de 1814 Blanco atacó a las fuerzas comandadas por “el Colorao” Mercado, las mismas que retrocedieron hacia las tropas de Warnes, tal como lo habían dispuesto con antelación. Llegado el medio día, las tropas que se encontraban en la margen norte del río Piraí atacaron a las tropas de Warnes liberándose un duro combate. Mientras tanto, Arenales junto con sus tropas dieron también una dura contienda. Por su parte, el comandante De la Riva hacía lo propio, atacando a los realistas en la parte oeste. Con este ataque estratégico, a Blanco no le queda más que retroceder hacia el pueblo, buscando refugio justo en la plaza principal con la intención de buscar desde ese lugar reorganizarse para poner resistencia. Sin embargo, la historia cuenta que Warnes no dudó en ir por su búsqueda, es así que se presentó en la plaza principal para saldar cuentas, desafiándolo en voz alta a un combate personal. En aquel momento Blanco, ya herido con cortes en su pierna y otras partes del cuerpo cayó muerto y la victoria de esa batalla fue para los patriotas.
Batalla de
Santa Bárbara, 1815 Hay otras versiones, como las escritas por Hernando Sanabria que indican que Warnes la emprendió solo, es decir sin la compañía de “el Colorao”. Este combate, pese a haber sido una victoria del ejército patriota, fue uno de los más sangrientos, muchos hombres del ejército que comandaba Udaeta y Altolaguirre y que estaba conformado por españoles e indígenas cruceños, murieron incinerados en el pajonal donde se libró la batalla. “En ella Warnes empañó con crueles medidas inmediatas, como el incendio del pajonal donde se debatían los heridos del bando contrario, que no eran precisamente españoles, sino indígenas reclutados a la fuerza por los realistas Adaeta y Altolaguirre”, describe Sanabria. Esta fue la segunda batalla al mando de Warnes donde se obtuvo la victoria.
Santa Cruz tiene arquitectura mestiza con elementos propios
La actual ciudad de Santa Cruz de la Sierra se edificó sobre las bases de la presencia española, vale decir que tiene una arquitectura mestiza, pero que obligaron a introducir elementos propios de la región, sobre todo por el factor climático. El arquitecto Víctor Hugo Limpias, explica todo el proceso que se ha dado en el desarrollo urbanístico de la ciudad. Durante, el periodo colonial la ciudad mantenía un urbanismo mixto, producto de una cuadrícula española fundacional. Fueron tres las tipologías arquitectónicas que se desarrollaron durante los 265 años de ocupación española del oriente boliviano: la cabaña mestiza o pahuichi, la unidad habitacional compacta y la habitacional con galería. Al principio, la ciudad creció lentamente, pero fue perdiendo regularidad producto de las sendas y caminos que eran condicionados por la presencia de algunos arroyos, paúros y lagunetas que habían en diferentes zonas. Durante las primeras décadas de la ocupación española, la arquitectura de la ciudad se caracterizó por su precariedad tecnológica y sencillez funcional y morfológica. Santa Cruz se creó como toda fundación española, a través de cuadrículas hispanoamericana, en un modelo urbanístico que nace en América, pero por parte de los españoles La ciudad nace con una plaza abierta con calles rectas en la zona central, con una iglesia matriz, un cabildo frente de la plaza como una representación del poder religioso y político. Las primeras casas nacen como una vivienda española rústica, similar a la cabaña valenciana, conocidos como pahuichis.
Los pahuichis se construyeron con materiales naturales apenas elaborados. La armazón maderera con hastial cubría con hojas entrelazadas de la palmera motacú, una sola habitación. Con el tiempo, las condiciones ambientales exigieron que se incorpore un espacio abierto conocido como punilla, una especie de galería en el frente. Con el paso de los años, se desarrolló una serie de cinco variantes, todas desarrolladas a partir de la habitación a dos aguas original. El largo de las cabañas varía de 5 a 12 metros en los ejemplos actuales, mientras que el ancho varía entre 3.5 y 5 metros. Posteriormente aparecen las edificaciones de imagen maciza. Básicamente, la vivienda compacta o maciza está construida por hileras de habitaciones continuas que pueden o no conformar patios circunstanciales. Después aparece la galería maderera, pues establece su personalidad a través del horcón. Los volúmenes macizos, de estructura maderera y paredes de adobe y adobón, ganaron corredores cubiertos hacia la calle y hacia el patio interior, manteniéndose la organización de habitaciones en hilera y patios circunstanciales, producto espontáneo del crecimiento familiar. La galería, corredor o pórtico supuso un avance tecnológico y morfológico significativo en la cultura material del cruceño. Su adopción puede entenderse como la última fase del proceso sociocultural de construcción de un hábitat regional. Según Limpias, todos los momentos históricos marcan ciertas inclinaciones arquitectónicas, pero la ciudad nunca llega a ser homogénea. “En Santa Cruz jamás hubo una arquitectura dominante, ni siquiera las galerías madereras llegaron a tomar control total, siempre convivieron varias arquitecturas”, dijo. Sin embargo, han surgido cambios importantes. Por ejemplo, antes las ventanas eran pequeñas para proteger de la tierra, mientras que ahora la arquitectura moderna ha optado por ventanas grandes, utilizar cerámica y otros.
Así era Santa Cruz
Esta es una inspiración del arquitecto Víctor Hugo Limpias Ortiz, en base a diferentes fuentes documentales, descripciones, pinturas y fotografías a las que tuvo acceso.
¿De qué sirvió la Revolución de 1810?
De qué sirvió la revolución? ¿Valió el esfuerzo que hicieron los grandes luchadores?, esas son algunas de las interrogantes que surgen después de conocer las duras batallas que se tuvieron que realizar para logran la independencia. Para algunos, la Revolución de 1810 fue un paso importante para luchar por la libertad, sin embargo, a la vista de la mayoría de los historiadores cruceños no significó grandes cambios. “La revolución sólo sirvió para fregarnos la historia”. Es lo que sostiene el investigador Germán Coimbra. “Para nosotros nunca significó nada, no nos trajo nada bueno”, opina Ernesto Zambrana. “Como todo movimiento, no es la varita mágica que va a cambiar, es sólo el inicio de un largo y doloroso proceso, que recién se logra después de 15 años”, comenta el historiador Alcides Parejas. Y es que después de la revolución, la vida para los cruceños continuó siendo la misma, sólo cambiaron las autoridades. Al centralismo hispano le siguió el centralismo republicano. Sin embargo, la gesta libertaria también significó una decisión de unidad, de no quedar al margen de un proceso que se había iniciado en toda América. Santa Cruz tuvo una participación diferente al resto del país, ya que en otras regiones habían constantes conflictos criollos y peninsulares, no obstante, en estas tierras orientales el ambiente era mucho más pasivo, más aún, teniendo en cuenta que la población cruceña, al decir de Gabriel René Moreno, el más alto exponente de la historia nacional, era mayoritariamente realista. Por eso, aquí no hubieron mayores enfrentamientos, pero eso no quita la lucha a la que se tuvo que enfrentar. Los cambios que enfrentó Santa Cruz se dieron inmediatamente después del cabildo realizado la tarde del 24 de septiembre de 1810. La primera medida que realizó la gobernación conformada en dicho acto fue la de liberar a los esclavos negros del Tao y después redactaron el Acta de pronunciamiento, que en una parte decía -según el profesor Alfredo Ibáñez Franco-: “En Santa Cruz de la Sierra a horas cuatro y media de la tarde del 24 de septiembre de 1810, el pueblo, sin distinción de clases sociales, acordó pronunciarse por la libertad de nuestro continente al igual que los demás pueblos. Acordó, también, deponer a las autoridades despóticas del Rey y sustituirlas por criollos que sientan nuestras necesidades y que traten con justicia a todos”. También se acordó, como prueba de caballerosidad de los cruceños, dar amplia libertad a las autoridades realistas depuestas, siempre que no atenten contra el nuevo estado de cosas, pudiendo radicar y trabajar en nuestro pueblo o trasladarse a España o a otra metrópolis europea. Firmaron esa acta todos los miembros de la Junta Revolucionaria. De ahí en adelante, las luchas cruceñas no pararon, por ejemplo, se unieron para lograr que el ferrocarril llegue hasta estas tierras, lucharon por conseguir las regalías del 11 por ciento, entre otras.
así sintetiza
la historia de paula peña
Hitos que marcaron la historia de Santa Cruz
El auge de la goma en el noreste de Bolivia, desde mediados del Siglo XIX hasta 1920, permitió un despegue en la economía de nuestro departamento. Miles de cruceños emigraron a esos lugares atraídos por el caucho, abriendo mercado a los productos tradicionales producidos en las haciendas. La actividad de la extracción del caucho fue iniciada por cruceños que se trasladaron hacia dicha región, es así que organizaron empresas dedicadas a la extracción de la goma. Una de éstas fue la organizada por Nicolás Suárez, así como la de Antonio Vaca Díez que fundó la The Rubber Orthon Bolivia Reserve, con razón social en Inglaterra. Esta iniciativa fue seguida por empresas extranjeras dedicadas tanto a la explotación como al comercio, entre ellas: The Bolivian Rubber & Interprise, The Zongo Rubber State, The Galvez State, Boston Bolivian Rubber Company y otras. La explotación de la goma que atrajo apreciables ganancias y aumentó el circulante, permitió abrir mercado para algunos productos tradicionales. Se abrió mercado para el charque, el café, el azúcar y otros productos producidos en las haciendas, los mismos que eran transportados por vía fluvial. También dio lugar a que por lo menos ochenta mil personas salidas de Santa Cruz de la Sierra y pueblos aledaños emigraran a esa ciudad. El “enganche” fue el sistema utilizado por los señores de la goma, para trasladar a los siringales la mano de obra esclava que partía de Santa Cruz, en condiciones que, en los hechos, quedaba hipotecada para siempre, por los avíos que se les daba a cada uno de los enganchados para el sustento familiar, mientras estaban en los trabajos de las estradas gomeras. Muy pocos regresaron de esa empresa, la fiebre amarilla, el progreso económico o la imposibilidad del retorno por la deuda contraída, hicieron que miles de cruceños se queden para siempre en los llanos y la selva de Mojos. El auge de la goma elástica en el mercado internacional, nos llevó a un conflicto bélico con Brasil. Se tuvo que hacer frente a una guerra que empezó con un movimiento separatista urdido por los brasileños y que desembocó en la llamada guerra del Acre, con la pérdida de un territorio rico en goma. Pese a que las fuerzas bolivianas, compuestas más que todo por siringueros de la Casa Suárez llevó la supremacía bélica, en la mesa de negociaciones, el gobierno de entonces perdió la guerra, gracias al tratado de Petrópolis, suscrito a cambio de dos millones de libras esterlinas.
La bonanza por la
goma no duró mucho tiempo, pues la explotación de las plantaciones
inglesas -que llevó de contrabando las semillas de las plantas de goma a
sus colonias en Africa y Asia y la caída del precio- afectaron
tremendamente la actividad cauchera en la región. Hacia 1920 casi no
quedaban gestores de aquella empresa y sobrevino el desastre económico
en Bolivia, Brasil y Perú.
Santa Cruz demandó
durante muchos años la construcción de una vía que la comunique con el
occidente.
Entre 1957 y 1959
el pueblo cruceño se alza en una lucha cívica por las regalías
petroleras. Santa Cruz exigía que se le asigne el 11 por ciento del valor del petróleo extraído en su territorio, tal como lo dispuso la Convención de 1938 y la Ley promulgada el 15 de julio de 1938, durante la presidencia de Germán Busch. Esta disponía que el 11 por ciento del valor del petróleo producido fuera asignado al departamento en cuyo territorio fuera obtenido. Para exigir que se cumplan estas disposiciones, pues Santa Cruz era el departamento donde más se explotaba petróleo, nuestro departamento se ve en nuevas luchas frente al Estado central. Esta vez los cruceños vencieron y lograron su objetivo. |
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